Hespéride lo llevó aquella tarde a la herrería. El lugar estaba impregnado del olor a hierro caliente, hollín y fuego. El sonido de los martillazos todavía resonaba en las paredes ennegrecidas, aunque los herreros ya habían abandonado el trabajo del día. Ella caminaba delante, con paso firme y Horus la siguió con el ceño ligeramente fruncido, sin saber qué era lo que estaba a punto de mostrarle. Si iba a enfrentarse al imperio, necesitaba lo mejor para su travesía épica.
—Cierra los ojos —le or