Así dio inicio el plan de atacar a las caravanas de Atlas. Era de tarde, cuando los gigantes y los soldados de altura normal custodiaban las carretas donde llevaban trigo, frutas y demás víveres hacia un reino conquistado. El sol rojizo descendía sobre las colinas, tiñendo el cielo con tonos de cobre y sangre. El aire olía a polvo y a sudor, mezclado con el aroma dulce de las frutas que transportaban.
Estaban lejos de Krónica y del refugio, lo suficientemente apartados para generar confusión. E