La resistencia de Leighis se mantenía como una fortaleza asediada. Atlas, con sus cuatro metros de estatura que hacían parecer pequeños los arcos altos de la galería, se movía con una pesadez deliberada alrededor de ella. Su cabello castaño, grueso y con vetas del color de la tierra húmeda, caía sobre unos hombros tan amplios que podrían haber soportado el peso de una losa de mármol. Sus ojos marrones, profundos y calculadores, no se apartaban de la figura élfica que se erguía con desafiante gr