Hespéride se puso de pie, enfurecida. Toda la rabia y enojo que había estado conteniendo en estos años contra ese despiadado y cruel emperador. Lo atacó con magia de rayo y oscuridad, pero el gigante era demasiado fuerte.
Atlas se defendió con su magia de tierra y la golpeó con brusquedad en el vientre y en la cabeza de manera brusca y salvaje, sin ninguna consideración.
Atlas chasqueó los dedos. Dos guerreros de estatura avanzaron; uno le atravesó el muslo con una lanza y otro el abdomen con u