Capítulo 26 La emboscada
Hespéride abrigaba a sus bebés entre sábanas mientras la carreta avanzaba entre los caminos ocultos del bosque. El traqueteo constante de las ruedas se mezclaba con el suave murmullo de los árboles, como si la misma naturaleza buscara arrullar a las pequeñas. Sus manos, aún manchadas de energía oscura por el reciente conjuro de escape, temblaban apenas al ajustar los pañuelos de tela que sujetaban a las niñas contra su cuerpo. En la penumbra de la noche, les colocó con