La última luz del día se desvanecía tras los altos vitrales del salón del consejo, tiñendo las paredes de mármol con tonos anaranjados y morados. El murmullo de los últimos ministros y guardias al retirarse se apagó, dejando un silencio denso y cargado en la amplia estancia. Horus colocó el sello real sobre el pergamino de la última orden del día, un gesto que sellaba el fin de las obligaciones regias. Al otro lado de la mesa, Hespéride dejó a un lado su propio báculo de ébano, cuyas runas habí