El comedor del palacio estaba iluminado por lámparas de cristal azul que proyectaban un resplandor suave sobre la mesa larga de roble negro. Afuera, la tarde avanzaba con nubes densas que amenazaban lluvia, mientras el viento golpeaba contra los ventanales con un ritmo constante que recordaba a un tambor profundo. Los sirvientes habían dispuesto bandejas de carne asada, raíces especiadas, frutas dulces, pan recién hecho y jarras con agua fresca y vino suave. Era la hora de la comida, el único m