Las semanas siguientes estuvieron marcadas por un ritmo distinto en el palacio. El episodio del ciervo atrapado en la cañada había dejado una impresión poderosa en los ocho niños, como si la experiencia hubiera activado algo que antes permanecía en reposo. Desde entonces, los instructores, los guardias y los consejeros notaron cambios sutiles: una mayor atención en los entrenamientos, una coordinación espontánea entre ellos, una madurez temprana que no les arrebataba la infancia, pero sí la moldeaba hacia un propósito claro.
Cada uno comenzó a destacar en un área específica, revelando caminos que los adultos apenas empezaban a comprender.
Asterope se convirtió en la mente analítica del grupo. Durante las prácticas matutinas, estudiaba el terreno antes de dar un solo paso. Observaba ángulos, alturas, rutas de escape, sombras y estructuras con una precisión que sorprendía a los instructores. Era capaz de anticipar un movimiento contrario incluso antes de que el guardia lo ejecutara. Hor