Los primeros días de reinado avanzaron con un pulso constante, marcado por la responsabilidad que recaía sobre el joven monarca y la reina púrpura. Krónica despertó a una rutina nueva, distinta a la que había mantenido durante años bajo la sombra del imperio. El reino se encontraba estable y próspero, con sus murallas firmes, sus mercados vivos y sus academias en plena actividad, pero la transición hacia un gobierno libre exigía ajustes profundos. Horus asumió la tarea sin vacilar, con la determinación de quien había conquistado la victoria más ardua. Hespéride lo acompañó con una presencia que equilibraba la autoridad de ambos.
Las reuniones del consejo ocuparon la mayor parte del tiempo del rey. Se trataba de organizar los recursos, establecer nuevas rutas comerciales, reconstruir alianzas, fortalecer las defensas y asegurar que cada territorio aceptara los cambios estructurales. Horus encabezaba esas sesiones con un temple que inspiraba respeto. La voz del joven rey tenía el peso d