La multitud seguía reunida en la gran plaza, iluminada por antorchas altas que ardían con brío, extendiendo un resplandor cálido sobre los rostros emocionados. Los tambores continuaban marcando el ritmo de la celebración, mientras cuernos y trompetas resonaban desde los balcones laterales como un eco festivo que se expandía por los muros de Krónica. El ambiente era tan vivo que la misma piedra parecía vibrar junto a la gente. En ese impulso colectivo, Horus y Hespéride caminaron hacia la salida