La mañana de la boda amaneció con un cielo claro, tan límpido que cada rayo de luz parecía atravesar las murallas y colarse por los corredores del palacio como un presagio de lo que ocurriría. El reino entero despertó antes de que las campanas sonaran. Era un día que quedaría grabado en la memoria colectiva de Krónica y en la historia de todos los reinos aliados.
En los patios internos, doncellas y servidores corrían con cintas, flores, telas y recipientes aromáticos. Los cocineros preparaban b