La mañana de la boda amaneció con un cielo claro, tan límpido que cada rayo de luz parecía atravesar las murallas y colarse por los corredores del palacio como un presagio de lo que ocurriría. El reino entero despertó antes de que las campanas sonaran. Era un día que quedaría grabado en la memoria colectiva de Krónica y en la historia de todos los reinos aliados.
En los patios internos, doncellas y servidores corrían con cintas, flores, telas y recipientes aromáticos. Los cocineros preparaban banquetes desde antes del alba. Los músicos afinaban instrumentos de cuerda y viento, y los artesanos colocaban las decoraciones finales en las columnas y pasillos del templo donde se celebraría la ceremonia. Las brujas formaron un círculo silencioso alrededor del edificio, tejiendo un velo de protección espiritual que envolvería a los novios durante el enlace. Los druidas, por su parte, crearon pequeños altares de piedra con ramas y flores sagradas que simbolizaban prosperidad, fortaleza y conti