El calor nocturno seguía suspendido en el aire como una manta sofocante, propio de aquel norte cálido cuyo clima recordaba a las selvas y llanuras húmedas de Suramérica. Aunque el cielo era oscuro y la luna apenas asomaba entre nubes densas, el ambiente ardía con un calor que no menguaba ni siquiera en la noche. Las farolas creadas por Leighis flotaban en el aire, proyectando una claridad estable que bañaba la pradera en tonos dorados y blancos. El brillo se mezclaba con el vapor que ascendía d