Hespéride emergió con Horus desde el remolino de sombras en el gran salón de la mansión secreta. El eco de la batalla aún vibraba en sus manos, y la energía de su hechizo ondulaba a su alrededor como un halo viviente. El cuerpo del joven flotaba inconsciente, suspendido sobre un manto de oscuridad que lo sostenía con suavidad. Su respiración era irregular, y cada exhalación escapaba en forma de vapor frío.
La bruja movió los dedos con elegancia, guiando el cuerpo hacia el centro del aposento. La