Leighis admiraba todo desde el bulto de tierra creado por el emperador para sobresalir, mientras estaba sentado en su trono. Era claro que Horus dominaba el campo de batalla. Sin embargo, debido a su magia de luz, podía ver con precisión cómo había desarrollado su don del tiempo; lo detenía y lo retrocedía a voluntad. Observaba el movimiento imperceptible de las partículas, el modo en que el joven manipulaba el flujo de lo invisible. Aquel don que combinaba la esencia del hielo con la alteració