Atlas dio la orden de que atacaran con las catapultas.
El rugido de los mecanismos rompió el aire y enormes rocas envueltas en fuego cruzaron el cielo, dejando una estela incandescente. El estruendo al impactar fue ensordecedor; columnas de humo y tierra se alzaron como torres negras sobre el campo. Horus levantó la mano y el hielo respondió. Un arco de escarcha emergió frente a las líneas de defensa, expandiéndose en un muro que congeló las piedras más cercanas antes de que tocaran el suelo. S