Horus tomó la cabeza de Krannon por el cabello endurecido y la alzó con un gesto implacable. El rostro del gigante aún parecía vivo, congelado en una mueca de furia y derrota. Caminó unos pasos y la arrojó frente a las tropas enemigas y a sus comandantes. El sonido del impacto fue seco, un golpe sordo que retumbó en la tierra del campo de batalla donde estaban los dos colosales guerreros.
El ejército imperial enmudeció. Miles de hombres contemplaban cómo otro general gigante caía bajo la mano d