De regreso en Thalyra, los capturados fueron arropados por la oscuridad. No se les permitió morir ni vagar libres; Hespéride apareció en medio del campo con su cabellera encendida como fuego carmesí, y extendió su mano delicada. Una esfera de tinieblas brotó desde la tierra, devorando a los prisioneros. Sus cuerpos se desvanecieron como humo atrapado en un frasco, y allí quedaron, suspendidos en una prisión de sombra.
Los soldados de la resistencia observaron aquel acto con respeto solemne. Sab