Elena no pudo dormir.
La caja negra seguía sobre la mesa de noche, silenciosa, insistente, como si respirara con ella. Y el pequeño collar en forma de estrella descansaba entre sus dedos, tibio por el calor de su piel.
Habían pasado horas desde la llamada con Alexander. Horas. Y aun así seguía escuchando su voz dentro de su cabeza.
“Porque llevo mucho tiempo observándote, Elena.”
Aquellas palabras eran inquietantes. Perturbadoras. Incluso peligrosas.
Pero no podía dejarlas ir.
Nadie la había ob