El mensaje seguía brillando en la pantalla del teléfono.
“Ven por mí.”
Dos palabras. Solo dos.
Pero fueron suficientes para que Alexander Vance abandonara una reunión multimillonaria, ignorara tres llamadas urgentes y condujera él mismo hacia las afueras de la ciudad.
Porque Elena jamás pedía ayuda. Jamás.
Y si lo había hecho ahora, significaba que algo había ocurrido. Algo grave. Algo que la había llevado al límite.
La noche caía sobre la carretera mientras el automóvil negro avanzaba entre so