Elena permaneció inmóvil frente al enorme edificio de cristal.
Vance Corporation.
Cinco años atrás había salido de allí escoltada por policías, perseguida por cámaras, convertida en la mujer más odiada de la ciudad.
Hoy regresaba por la puerta principal.
Invitada. Respetada. Temida.
La ironía casi le arrancó una sonrisa.
—¿Nerviosa?
La voz de Mikhail sonó detrás de ella.
Elena ajustó la chaqueta negra sobre sus hombros.
—No.
Mentira.
Estaba aterrada. Pero no por inseguridad. Sino porque sabía e