Por primera vez en muchos años, Alexander Vance estaba perdiendo la concentración.
Y lo odiaba.
Sentado en la cabecera de la sala de juntas del Grupo Vance, escuchaba a los ejecutivos hablar de cifras, proyecciones, estrategias. Palabras vacías. Ruido. Normalmente detectaba errores en segundos. Normalmente controlaba cada detalle. Normalmente nada escapaba a su mente afilada.
Pero esa mañana no.
Esa mañana solo podía ver la expresión de Elena el día anterior.
La tristeza en sus ojos cuando menc