Tras escuchar hasta el final de aquella conversación, vuelvo a salir de la mansión como entre, trepándome por la reja y siendo agarrada por los brazos de Santi.
—Sabía que te encontraría aquí —me aclara, dejándome tocar el suelo.
—No los enfrente Santiago, solo escuche la verdad que tanto tú como los demás quisieron advertirme desde hace años. No tengo cara para mirarte a los ojos— le dije apenada, con mi mirada clavada en su pecho.
—Mírame Alexandra…— insistió dos veces, hasta terminar elevand