Todo el cuerpo de Leonid temblaba bajo una descarga de adrenalina que chocaba directamente con sus emociones. Había pensado en arrodillarse, suplicar y arrastrarse para que Valeria lo perdonara, pero al descubrir tal traición, las cosas cambiaron. Ahora necesitaba que fuera ella quien se inclinara a sus pies para que él la perdonara; se sentía el ofendido frente a lo que acababa de escuchar y ver. Quien lo había llamado había sido la mismísima Pamela, su asistente, para decirle que su esposa ha