Todo el cuerpo de Leonid temblaba bajo una descarga de adrenalina que chocaba directamente con sus emociones. Había pensado en arrodillarse, suplicar y arrastrarse para que Valeria lo perdonara, pero al descubrir tal traición, las cosas cambiaron. Ahora necesitaba que fuera ella quien se inclinara a sus pies para que él la perdonara; se sentía el ofendido frente a lo que acababa de escuchar y ver. Quien lo había llamado había sido la mismísima Pamela, su asistente, para decirle que su esposa había extraído el dinero suficiente de las cuentas para desestabilizar a VolkovCorp.
—Largo todo el mundo —su voz tembló ante el veneno que estaba por soltarle a su esposa—. ¡Largo todo el mundo de esta mierda!
El golpe a su ego pudo más que cualquier culpa. Valeria lo miró con tristeza, pero no con la angustia que Leonid esperaba ante la "noticia" que acababa de recibir. En ese momento, ella no era la mujer temerosa de que su marido reclamara algo que no era cierto; se sentía destrozada por la bu