—¡¿Qué mierda has dicho?!
Leónid gritó tan fuerte golpeando la mesa que los vasos que había sacado momentos antes de que llegara Kirill prácticamente se removieron sobre la superficie.
—Lo que escuchaste —Leónid soltó una carcajada sin humor ante esa noticia.
—Y ¿cuándo demonios pensabas decírmelo? —preguntó con un dejo violento en la voz.
—Eventualmente, no te lo diría —Leónid abrió la boca sin poder creerse las palabras de Kirill—. Ni siquiera ella sabe que es mi hermana.
—Eres un desgraciado