Leonid se levantó de la cama con el corazón martilleando contra sus costillas. La resaca era un dolor físico, pero el silencio del ático era mucho peor. Se levantó de la cama tambaleándose y caminó por el pasillo, llamando a Lilian a gritos. Sus cuerdas vocales estaban raspadas por el alcohol y los gritos de la noche anterior.
—¡Lilian! ¡Cielo, por favor! —gritaba, abriendo puertas con desesperación.
Recorrió cada rincón del lujoso apartamento, pero no obtuvo respuesta. Cuando regresó al dormit