—¿Y bien? —preguntó ella esperando la disculpa.
—Y bien ¿qué? —le gustaba el juego, pero tenía claro que ella no era una dama en desgracia —. Refréscame la memoria por favor —ella quiso probar con algo sencillo.
—No quiero este desayuno —una sonrisa se dibujó en su boca de labios gruesos y bien delineados.
—Hecho. Dime lo que quieres.
—Huevos revueltos con beicon, café y yogurt liquido —hizo una mueca de asco.
—Las mujeres no saben comer, siempre lo he dicho —se queja —. Dino —llama al chef y e