El pasillo del lujoso edificio en Park Avenue parecía demasiado estrecho para los tres hombres que avanzaban hacia la puerta del ático. Leonid Volkov, el hombre que una vez dominó Manhattan con solo una mirada fría, apenas podía mantenerse en pie. George lo sostenía por el brazo derecho, con una expresión de decepción, mientras Kirill cargaba con el peso del hombro izquierdo, manteniendo su rostro como una máscara de incredulidad.
Leonid no solo estaba borracho de vodka; estaba borracho de un t