Juzgada por sus caricias.
Antes de que Kateryn pudiera articular una sola palabra para sostener su mentira, el repentino sonido de una notificación rompió el silencio de la oficina. Sebastián sintió el teléfono en vibración en medio de sus cuerpos. Él se alejó unos centímetros para darle espacio y pueda tomar su teléfono.
Debido a la cercanía, los ojos oscuros de Sebastián se desviaron de inmediato hacia el aparato, captando el nombre del remitente en la barra de notificaciones: Alexander. Sin darle tiempo a reaccion