Kateryn se levantó a primera hora de la mañana. El desvelo y el cansancio acumulado no le importaban en lo absoluto. Nada vence a una madre cuando se trata de su hijo, y la ilusión de volver a ver a Leo era un motor más poderoso que cualquier rastro de fatiga. Tras una ducha rápida, se vistió y subió a su auto. En el trayecto, se detuvo a comprar el pan favorito de su pequeño, ansiosa por compartir el desayuno y borrar el amargo sabor de los días sin él.
Condujo con manos ansiosas por la carre