La trampa de la verdad.
—¿Lista? —cuestionó Alexander, viéndola salir de la habitación con una sonrisa ligera.
—Eso creo.
No, realmente Kateryn no estaba lista para bajar y ver a Sebastián matarla con esos ojos negros. Dando un respiro de profunda resignación, dio el primer paso fuera de la habitación apoyada de Alex. Los nervios la obligaban a caminar con una rigidez de piedra, consciente del pelotón de fusilamiento que la aguardaba en la planta baja.
Al ingresar al comedor principal, la escena era asfixiante