Oficialmente socias.
El viaje de regreso a la ciudad fue la salvación de Kateryn. Sentada en el asiento trasero del auto, sintió cómo una oleada de alivio adormecía sus tensos músculos al notar que, finalmente, las palabras fluían entre sus dos amigos; el encierro forzado por la tormenta en el hotel del pueblo había surtido un efecto milagroso. Se les veía mucho más relajados, cruzando miradas y sonriéndose mutuamente con una ternura que borraba, de golpe, el abismo de silencios y orgullo que los había distanciado.