La música cambió a un tono más suave, con una melodía de jazz clásico que llenaba todo el salón de baile.
Un camarero se acercó y le susurró algo al oído a Bastian. Él asintió con tranquilidad y giró hacia Nara.
—¿Bailamos? —le ofreció, extendiendo la mano.
Nara esbozó una leve sonrisa y aceptó sin dudar.
—¿Por qué no?
Caminaron juntos hasta el centro del salón. Un foco suave los siguió mientras empezaban a moverse al compás de la orquesta. Sus pasos fluían con tanta naturalidad y sincronía, co