Las luces del salón de baile volvieron a atenuarse, señal de que estaba por comenzar el discurso principal.
El maestro de ceremonias se puso de pie y entregó el micrófono a Bastian, que ya había sido llamado al escenario. La sala se sumió en un silencio total; sólo se escuchaba el tintinear de copas y algunos susurros dispersos.
Bastian caminó con firmeza hacia el frente, vestido con un traje negro impecable y una corbata plateada. A su lado, Nara se levantó también, sujetando con elegancia el