Esa noche, la habitación estaba en silencio. La lámpara de la mesa emitía una luz tenue, suficiente solo para iluminar el rostro de Nara, que estaba sentada recostada contra el cabecero de la cama.
Eric permanecía de pie cerca de la puerta, pero su mirada no se apartaba de Nara. Sus ojos tenían un brillo intenso, aunque también cargado de duda, como si estuviera sopesando algo muy pesado.
—¿Por qué me miras así? —preguntó Nara en voz baja, intentando romper el silencio.
Eric respiró hondo y lue