Danae
El sol nacía lento sobre el horizonte, y la brisa del mar se colaba por la ventana abierta de mi habitación. Las cortinas blancas danzaban suavemente con el viento, dejando entrever el cielo teñido de rosa y naranja. Abrí los ojos despacio, sintiendo el roce de las sábanas sobre mi piel, y giré el rostro hacia el hombre que dormía a mi lado.
Dorian.
Mi esposo.
Su respiración era profunda, tranquila. Había aprendido a reconocer los pequeños sonidos que hacía al dormir, la forma en q