Capítulo 30

Danae

El silencio de la mansión me pesaba más que las cadenas invisibles que sentía en las muñecas.

Kael decía que era por mi seguridad, que después de lo que había hecho Adrian Loumet yo no podía salir sin riesgo. Pero los muros de esta casa, los pasillos interminables y los guardias apostados en cada esquina me estaban asfixiando. No era un refugio. Era una jaula de oro.

Caminé por el pasillo principal con pasos firmes, ignorando las miradas de los hombres que Kael había colocado estratégicam
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