Hana, sin embargo, no paraba de pensar en sus padres y en su abuelo. Era triste saber que no podría tener la oportunidad de verlos de nuevo como lo estaba haciendo ahora con su abuela. A Hana no le importaba que no llevara sus genes en la sangre, seguían siendo su familia y no dejaría de considerarlos como tal. Por lo tanto, la fuerte noticia no dejaba de ser dolorosa por más que intentara no reflejar cuánto le afectaba.
También tenía que destacar que el "secreto" que su abuela mencionó en su r