—Aquí el único pervertido eres tú. —le acusó mientras trataba de separarse. Cuando Adrien la volteó para encararla y se posicionó sobre ella, Hana chilló y comenzó a golpear ciegamente a su "atacante". Uno de sus golpes al azar terminó aterrizando sobre el pómulo de Adrien, y Hana, espantada y arrepentida, dejó de moverse por completo, incluso creyó que su respiración se había cortado.
Su subconsciente exclamó un "Oh, oh" y Hana no tuvo más remedio que observar desde abajo cómo el mayor acarici