Adrien inhaló antes de entrar, rogando que lograra controlarse mientras que su mano se ceñía a la perilla de reluciente material. Contuvo la respiración al adentrarse, tanto por el dulce aroma que buscaba seducirlo, como por el doloroso sentimiento que sintió al ver a Hana en tal estado, entre sábanas y mantas sobre la cama que estaba hecha un desastre. Su preocupación iba en aumento, y se asustó cuando confirmó que Camila había dicho la verdad. Hana parecía tener fiebre.
—Adrien... haz que par