Con un leve temblor de sus manos pensó en lo conveniente que fue haber visto a Hana sin entrar o tocar antes, y por suerte, sin haber sido descubierta. Si una Omega hacía un nido, nadie más podía irrumpirlo aparte de su pareja, ya que eso podría traer graves problemas. Si hubiese tocado la puerta, Hana podría haberse alterado y entrado en pánico; un nido era algo muy delicado. Y por ello debía apresurarse, una sirvienta podría entrar a llevarle agua o un costurero a tomarle medidas para un nuev