—Hana... —susurró.
Adrien, preocupado y arrepentido, soltó el brazo de Hana. Desde hace un tiempo tenía conocimiento de lo que la Omega había sufrido, debía estar asustada y él no había hecho nada más que empeorarlo.
El Alfa intentó acercarse, pero Hana se apartó dirigiendo una mirada de total miedo hacia él, dándose vuelta y corriendo por el pasillo, queriendo alejarse del pálido.
—Busca una habitación para la Omega, Gabriel. Iré con Hana. —ordenó. El menor de los hermanos asintió y a pesar de