Parte XX.- La arena de los Caidos.
El ruido de los gritos era cada vez más ensordecedor conforme subíamos. La intensa luz del exterior me deslumbró debido a la penumbra del subterráneo. Cuando mis ojos por fin se acostumbraron, pude ver claramente lo que me rodeaba. Me di cuenta de que la sala en la que habíamos estado hace un momento era pequeña en comparación con el terreno que veía ahora. Era un bioma de pradera; las amplias y despejadas colinas se extendían a lo lejos hasta toparse con las enormes murallas, donde estaban las