El eco de mi advertencia en la oficina de la regencia aún resonaba en mis adentros cuando los pasillos del ala norte me tragaron una vez más. La noche había tomado por completo la estructura de piedra de la mansión real, cubriendo el desierto con un manto de estrellas gélidas que parpadeaban a través de las rendijas de los muros antiguos. Habían pasado pocas horas desde que Amira saliera de mi despacho con la revelación del embarazo de quince días pesando sobre sus hombros, y la necesidad anima