La luz dorada del amanecer comenzó a filtrarse por los arcos de la ventana, pintando las sábanas de seda de un tono cálido y revelando las marcas que la noche de pasión había dejado en nuestras pieles. El palacio apenas empezaba a despertar, pero dentro de mi habitación, el fuego seguía tan vivo como pocas horas atrás.No quise que la noche terminara, y él tampoco. En la penumbra de la mañana, me posicioné sobre él, montándolo con lentitud mientras Cem sostenía mis caderas con sus manos firmes, guiando cada uno de mis movimientos. Su mirada de obsidiana estaba fija en la mía, devorándome, llena de una posesividad que me hacía temblar. Mientras yo me movía sobre su cuerpo, Cem se inclinó hacia adelante, atrapando uno de mis pechos con su boca para chupar mis pezones con una intensidad que me hizo arquear la espalda y soltar un gemido ahogado. El placer se acumuló rápidamente en mi centro, una tensión eléctrica que estalló cuando ambos alcanzamos el clímax al mismo tiempo, jadeando abra
Leer más