Livia
Cerré la puerta y apoyé mi espalda sobre ella, mirando la pulcritud y lo espacioso del lugar. Era mucho para considerarse la “habitación” principal, pero su dueño parecía amar tanto la privacidad que incluso yo misma me sentía excluida.
Le busqué, encontrándolo en la terraza, con el torso descubierto dejando ver los vendajes; estaba desaliñado, con la laptop sobre las piernas y bebiendo un trago de whisky.
Sentí el tic en mi ojo derecho; una sola petición y ni eso podía cumplir. Pero esta