Livia
Retrocedí un paso y busqué calmarme. Todavía sentía mi sangre corriendo por las venas, aún quería romperle la cara por imbécil. Me descontrolaba por completo el no entenderlo, la idea de sentirme tan usada y que no fuera solo culpa suya, sino de todos los hombres que habían pasado por mi vida.
—¿Por qué no mataste al espía y lo dejaste ir?
—Porque quiero que vean que no te rompiste con las mierdas que te han hecho llegar. Que no estás sufriendo, que disfrutas ser mi mujer, y eso les joder