Livia
De un sorbo me tomé el trago, analizando el juego. Íbamos iguales, pero sospechaba que él se estaba conteniendo para no humillarme delante de todos. Era muy bueno, debía admitirlo, pero yo era mejor.
Nos quedaban cinco bolas a cada uno. Debía hacer una buena jugada si quería ganarle y callarle la boca a la bola de imbéciles que tenía alrededor. Ninguno me apoyaba.
Mordí mi labio inferior, dándole una mirada sensual antes de inclinarme sobre la mesa, sintiendo cómo el vestido se tensaba en