Con gran fuerza volcó el escritorio, causando un estruendo que acabó con la laptop que reproducía el video tomado en el club Obssidiana. Aquello no le bastó para deshacerse de su ira; se fue al bar y lanzó las botellas y las copas de cristal al suelo, volviendo todo un caos de cristales rotos y alcohol derramado.
Sentía su ego herido, y nada de aquello le bastaba. Quería ahorcar a esa perra con sus propias manos y ver cómo la vida se esfumaba de sus ojos.
—Esa es la puta que tú criaste, esa fue