El encuentro había tardado más de lo que Giulio estaba dispuesto a soportar. Después de varias negativas, excusas triviales y silencios calculados, Rebeca finalmente aceptó verlo. Eligió un restaurante discreto, uno de esos lugares donde la luz tenue y el murmullo constante de conversaciones ajenas parecían ofrecer refugio. Pero para ella, nada en esa cita era seguro.
Desde el momento en que lo vio, supo que algo había cambiado. La sonrisa de Giulio no alcanzaba sus ojos. Su mirada, oscura y af