La finca de Giulio era un lugar aislado, rodeado de jardines tan extensos que parecían perderse en la penumbra. Afuera, la noche guardaba un silencio expectante, pero dentro del salón la tensión era un animal contenido, respirando entre ambos. La conversación, que al inicio había sido ligera, se había convertido en un duelo a muerte, sin armas visibles pero con las palabras como cuchillos.
Giulio la observaba con una calma que solo anunciaba tormenta. Tenía la mirada fija en ella, los codos apo